Archivo de la categoría: Ana y su Mundo

Ana y su mundo X

Cada uno se colocó en su cubículo de trabajo. Ella sólo tenía un ordenador, una pila de documentos y una planta de plástico algo desgastada.

Cuando llegó la hora del almuerzo cogió su bolso y se fue corriendo sin minimizar la pantalla de excel que estaba utilizando.

Al llegar al pequeño restaurante cercano a la oficina miró por todas partes si estaba su hermana. Al principio no la divisaba pero está empezó a hacer movimientos con una mano para avisarle de su presencia, entonces la vio.

Se fue hacia ella con una gran sonrisa al ver que en el asiento de al lado estaba la blusa recién salida del tinte.

-Gracias, Inés. Eres un cielo- dijo Ana sentándose a su lado.

-No me las des. Ya te cobraré el favor- contestó Inés.

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Ana y su mundo IX

-Un hombre que conocí anoche-.

-Eso ya lo suponía, digo si es empresario o ministro, porque para llevarte ahí tiene que ser eso como mínimo-.

-Pues…no lo sé-.

-¿Qué no lo sabes? Pues sí que fue loca la noche- contestó Raquel mientras la puerta se abría entrando un compañero- Necesito el informe de los proveedores al final del día, no te olvides- prosiguió diciéndole a Ana con ánimo de disimular su conversación mientras se disponía a marcharse.

ANA

Al cerrar Raquel la puerta el compañero que había entrado le dijo a Ana:

-¿Qué?, ¿otra vez chismorreando en ese foro?-.

-¿Quieres ver lo último?- preguntó Ana mientras le enseñaba las fotos.

Los dos se quedaron un momento mirando las fotos de la Marquesa entre risas hasta que entró un directivo y entonces salieron de la sala disimulando.

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Ana y su mundo VIII

-Lo sé, yo también he visto las fotos. No me puedo creer que sea tan vulgar- contestó Raquel llevándose la mano al pecho con una fingida actitud incrédula.

-No las he visto-.

-En serio. Saca el Iphone-.

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Ana y su mundo VII

Ana se atusó el pelo, cogió su bolso y se fue a la oficina. Al llegar vio a Raquel, su íntima amiga y secretaria personal del jefe de departamento. Le hizo un gesto con la mano para que se acercara pero Raquel llevaba un montón de carpetas encima y movió la cabeza ligeramente. Era una señal secreta que sólo ellas sabían que significaba, ir a la sala del café para hablar de los acontecimientos sociales que bañaban sus aburridas vidas.

Ana dejó el bolso en su mesa, encendió el ordenador y cuando observó que Raquel ya se había marchado hacía la salita, cogió un papel con la excusa de hacer una fotocopia y se dirigió hasta allí.

Abrió la puerta y vio a Raquel haciéndose un café.

-¿Quieres uno?- preguntó esta.

-No, no sabes lo que te tengo que contar-.

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Ana y su mundo VI.

Ana y su Mundo VI.

© Odiaba pedirle favores a su hermana. Siempre se habían llevado mal. Su madre era la única que las mantenía unidas. Sin embargo su relación era fluída, basada en constantes conversaciones, siempre influenciadas por su madre, bañadas en sarcasmo para hacerlas más llevaderas y que llegaban a ser pueriles con facilidad. Cogió su móvil y llamó a su hermana.

-Inés ¿Me prestas la blusa azul con cuello cascada?-.

-No sé si la tengo limpia. Además la última vez que te la preste tardaste un mes en devolvérmela-.

-Te la hubiera devuelto antes si no tuviera tanta vida social. Bueno, tú sabes lo que es eso- contestó Ana sabiendo que salía poco porque tenía dos hijos pequeños.

-Lo sé, por eso la necesito-.

-Venga, no digas tonterías. Préstamela y te la devolveré mañana. Te lo prometo-.

-Está bien-.

-¿Me la puedes traer a la oficina?-.

-¿Te crees que soy tu recadera?-.

-Por favor. He quedado para cenar y no me va a dar tiempo a ir a casa-.

-¡Ah!¿Quién es él?-.

-Ya te lo contaré-.

-Comiendo-.

-Vale, comiendo. En el restaurante que está enfrente de mi oficina a las dos-.

-Bien. La llevaré al tinte para dártela impecable-.

-Eres un sol. Ciao- contestó Ana colgando inmediatamente.

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Ana y su mundo (V)

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-Hola, Ana. Soy yo, Fernando-.

-¡Ah! Eres tú-.

-Sí soy yo, tengo que hablar contigo de una cosa-.

-No me cuentes obviedades, si me llamas es porque quieres hablar-.

-Sabes, casi olvido lo simpática que eres-.

-¿Qué quieres?- Preguntó ella con desdén.

-Me dejé en la casa ese coche de juguete-.

-¿Cuál?-preguntó Ana mientras se dirigía a las estanterías del salón para ver si estaba ahí.

-Ese, el que me regaló mi abuelo- le contestó él mientras Ana cogía el coche de madera y se dirigía a la cocina.

-No…no lo encuentro- contestó ella tirando el coche al cubo de la basura- por cierto, me debes dos meses de paga-.

-A ver, ya te he explicado que lo he recurrido. No hijos. No pensión-.

-A ver, ya te he explicado lo que me ha dicho mi abogado. Tú cuernos, yo compensatoria- le contestó Ana para colgarle inmediatamente después.

Se dirigió a su armario y siguió buscando aquella blusa que su hermana le prestó una vez. Dejo el móvil encima de la cama. Tiró todo lo que había en el cajón y entonces se dio cuenta que no la tenía, debió devolvérsela hace tiempo. Se desesperó.

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Ana y su mundo (IV).

-Sí, sólo. Gracias-.

Ana no podía creer lo que había pasado, iba a darla un beso después de no haberse ido antes de amanecer. Mientras hacía el café se planteó si ese hombre era una especie en extinción o simplemente sería su destino. Aquella persona a que la tanto tiempo había esperado.

Cuando terminó de prepararlo se lo dio mientras él se sentaba en una silla con una gran sonrisa que desconcertaba a Ana. Sigue leyendo

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14 octubre, 2015 · 7:35 pm

Ana y su mundo (III).

Ana rodeo sus hombros con sus manos para no caerse y en ese momento, al percibir su aliento en su nuca, le pareció una buena idea. La que tenía que ser su huida había sido su rendición, sin condiciones, sin conciencia.

Ana pensó en ese instante que no estaría mal pasar un buen rato sin compromiso. Si era de Albacete, volvería a su pequeño mundo y no tendría que volver a verle. Entonces ella le dijo, “mejor en mi casa” y él sacó una tarjeta para pagar los cocktails. Ella se quedó mirando la tarjeta porque era de un plateado inusual y empezó a pensar que a lo mejor había tenido suerte. Se acercó sutilmente para ver el nombre, pero sólo podía leer de manera borrosa, la palabra concejalia. Ana se sorprendió y asumió que se había equivocado y que el calor y tantos mojitos la había afectado. Se sintió afortunada porque no tendría que conducir en su estado.

Se montaron en el coche de Ana. Ella le indicó la dirección y él cogió las llaves y arrancó. Llegó, aparcó y cuando entraron en el ascensor no pudieron evitar besarse con esa pasión que no da el deseo sino el saber por fin que ya no se está sólo.

Ana sacó del bolso como pudo las llaves de su pequeño apartamento y al entrar se dirigieron a la habitación directamente.

La noche dio paso al día y Ana se arrullaba entre las sábanas mientras agarraba la almohada abrazándola cuando el despertador sonó. Lo apagó con la mano y se desperezó pensando que aun le quedaba tiempo antes de ir al trabajo. Entonces empezó a pensar en croissant tostados con mermelada de albaricoque para tratar de ocultar de su pensamiento el rostro de aquel hombre con el que pasó la noche. De repente la sonrisa invadió su rostro por un instante. Había cometido una locura. Sería como su venganza postmatrimonial por las infidelidades de Fernando. Así se debía sentir él cada vez que llegaba tarde a casa. De repente se tocó la cabeza por un dolor persistente producido por esa desenfrenada noche cuando oyó un ruido. Era como un rugido nasal que salía de entre las sábanas. Tocó al otro lado de la cama sin poder creer lo que estaba viendo. Ese provinciano aun estaba ahí. Era increíble, pensó, es que en los pueblos no saben las reglas básicas de la conquista. Se desplomó sobre su cama preguntándose una y otra vez cómo pudo no irse al terminar, cómo se ha atrevido a quedarse hasta la mañana. No pienso hacerle el desayuno se dijo a si misma.

Corrió hasta la ducha y se arregló. Una vez vestida se fue a la cocina a hacerse un café. Al pasar por el salón puso la televisión con un volumen elevado para que se despertara. Al cabo de un rato lo hizo y en calzoncillos la buscó por toda la casa y al verla en la cocina tomándose un café se acercó para darle un beso en la mejilla. Ana se apartó instintivamente y le preguntó:

-¿Quieres un café?-.

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Ana y su mundo. (II)

ANA© -Que nombre tan bonito-.

Ella al oírle pensó que era un soso, un hombre que decía lo típico sin intentar impresionar a su presa, alguien que pensaba que la conquista se limitaba a dignarse a prestar una vaga atención a una mujer, la cual debía agradecer ser la elegida , alguien como su exmarido. Entonces Ana suspiró y le preguntó:

-Oye, ¿y tu amigo? Ese con el que hablabas, ¿dónde está?-.

Él al oír esa frase sabía que tenía la batalla perdida. Las sugerencias de su amigo, Ángel, de que él era el elegido, se sumergió por el sumidero.

-Ya se marchó- contestó él en un intento de atraerla por la premisa que había regido su vida hasta entonces, por descarte. Sigue leyendo

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Ana y su Mundo I

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© Capitulo 1: Una cita inesperada.
Era su tercer mojito y las luces disipaban su desapego a la música post generacional que estaban poniendo. Con un vestido corto rojo y unos tacones de vértigo se aposentaba en la barra intentando seducir al camarero con sutilezas. Palabras que hacían sonreír a este mientras se alejaba al otro lado de la barra para atender intentando deshacerse de sus insinuaciones.
Ana empezó a sentirse incómoda y decidió dejar su copa en la barra y recorrer toda la sala para dirigirse al servicio. Al llegar había una cola en la puerta como era habitual. Cogió su cluch, lo abrió y sacó su pintalabios para retocarse mientras se miraba en el espejo que se encontraba incorporado a la solapa interior de su bolso. Cuando terminó vio a unos hombres maduros que sentados a su lado, charlaban amigablemente. Al bajar el volumen de la música para comenzar la próxima canción escuchó como uno de ellos, el que tenía más porte, le decía al otro cuyas canas inundaban su cabellera:
-Si son urbanizables, felicidad para todos. Piénsalo-.
Ana observaba a aquel atractivo hombre de pelo negro y ojos penetrantes. Estos al ver como ella les observaba la saludaron con un gesto con la copa que sostenían y empezaron a cuchichear mirándola. Esta se atusó el peinado y de repente se dio cuenta que le tocaba entrar.
Al salir empezó a buscar a aquel hombre con la mirada cuando su amigo se acercó a ella diciéndola alzando un poco la voz por culpa de la música:
-Hola, ¿quieres una copa?-.
-Bueno, no sé…-
-Venga que te invito-dijo él llevándosela a la barra del bar- ¿qué quieres?- preguntó al llegar.
-Una Caipirinha-.
-Chico, dos Caipirinhas- le dijo al camarero mientras Ana le sonreía a este.
El barman le devolvió la sonrisa y al ponerles la bebida le guiñó un ojo, actitud que molestó a aquel conquistador.
-Me llamo Tomás- dijo él con el propósito de acaparar su atención.
-Yo Ana-

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