Archivo de la categoría: Relatos y Microrrelatos

“La triste historia del seno y el codo”.-por Juan Gaudenzi.-

La triste historia del seno y el codo  CÁMARAes un relato de Juan Gaudenzi que ha decidido compartir con nosotros y que podéis descargaros cliqueando en el siguiente enlace.

La triste historia de seno y el codo (final) (1)

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Relatos y Microrrelatos

Fragmento de “COLONOS, Thürriegel y la regia vesania de la iniquidad.”

Queremos compartir con vosotros, amigos lectores, un fragmento del libro de Virginia y Mia Jenssen: “COLONOS, Thürriegel y la regia vesania de la iniquidad.” j k von thürriegel02Esperamos os guste.

Pero la verdadera idea que rondaba por la cabeza de Thürriegel era instalarse en la capital e introducirse en la corte con la excusa de montar una fábrica de espadas como la de Solinger y suministrar armamento al ejército español pensando incluso en la posibilidad de traficar con armamento prusiano. 
Thürriegel se asentó en Madrid, subsistiendo él y su mujer del dinero de su ingenuo amigo.
Lo primero que hizo fue visitar al barón Sarny, representante de Baviera en Madrid, para solicitar como ciudadano bávaro su intermediación para reunirse con el ministro de guerra español.
Sarny le recibió con gran cortesía, símbolo claro de su estatus y su procedencia. Thürriegel intentó obtener medios para financiar su estancia en Madrid ante la insistencia de su amigo y compañero de viaje Zarriwary quien le financió el viaje a cambio de una participación en las ganancias del reclutamiento de militares para el reino de las Españas y la fábrica de espadas que querían instalar en Madrid a semejanza de la de Solinger cuyo objetivo no sería el de fabricar espada alguna, sino encubrir el rentable negocio del tráfico de armas. No obstante de su pensamiento no se desprendía la idea de llevar colonos a las américas pues sabía que si conseguía convencer de ello a los ministros de Carlos III las riquezas llamarían a su puerta.
Sarny no quedó muy convencido con las afirmaciones de Thürriegel y educadamente pidió tiempo para darle una respuesta mientras averiguaba quien era el hombre que con tanta insistencia se había personado ante él y que ocultaba sus orígenes haciendo hincapié en su trayectoria militar.
Al estudiar sus propuestas y dudar sobre su pasado, Sarny pensó que el silencio era una elegante respuesta con la que su compatriota no se vería ofendido y le permitiría salir con dignidad frente a una clara negativa que por su magnitud podría ser argumentada bruscamente. Pero Thürriegel no compartía ese pensamiento no dándose por aludido ante el mutismo del barón, pues durante años había manejado tácticas verbales en la que la insistencia y sus dotes para manejar las palabras a su antojo le dotaron de la seguridad necesaria para volver en varias ocasiones a intentar hablar con él, creyendo que caería en las redes tejidas por las sílabas entrelazadas que salían de su boca, que en múltiples ocasiones le consiguieron la victoria en sus empresas.
Mas el pícaro no pudo prever la respuesta del barón Sarny, el cual le argumentó el rechazo a su proyecto diciendo que necesitaba la autorización de la corte de Baviera, la cual le había negado su intervención en el proyecto.
Esta respuesta fue un revés para Thürriegel que daba por zanjado su plan de entrevistarse con el ministro de guerra a través del barón Sarny, ya que había entendido como este le pedía sutilmente que no volviera a solicitarle una audiencia pues no iba a hacer nada por él.
Thürriegel no paró de recorrer los círculos cercanos a la corte mediante su esposa y su ficticia personalidad principesca intentando llegar al rey, pero lo que realmente fue un gran apoyo a sus aspiraciones fue la carta de recomendación del conde Mahoney, embajador de las Españas en Viena que venía avalado por los contactos de la propia hija de Carlos III en el imperio austriaco.

Si deseáis saber más sobre esta parte de la historia que fue silenciada durante años podéis adquirir vuestro ejemplar de “COLONOS, Thürriegel y la regia vesania de la iniquidad.” en e-book o papel en los siguientes enlaces:

COLONOS

COLONOS-Formato papel-

http://www.lulu.com/shop/virginia-jenssen-mia-jenssen/colonos-th%C3%BCrriegel-y-la-regia-vesania-de-la-iniquidad/ebook/product-22257376.html

http://www.lulu.com/shop/mia-jenssen-virginia-jenssen/colonos-th%C3%BCrriegel-y-la-regia-vesania-de-la-iniquidad/paperback/product-22195571.html

COLONOS2

COLONOS-Formato e-book.-

Deja un comentario

Archivado bajo Relatos y Microrrelatos

“LA ESPALDA TERRORISTA” por Juan Gaudenzi.

El escritor Juan Gaudenzi tras el éxito de su relato “Lápida con una piedra” compartido anteriormente en este mismo espacio nos brinda hoy su nuevo cuento: “LA ESPALDA TERRORISTA”

Era tan absurdo que me sentí fascinado.
Uno camina despreocupadamente por el concurrido centro. De pronto alguien lo señala y grita “¡ese!” y unos minutos, no más de media hora después, está incomunicado en una hermética sala de interrogatorios, en calidad de sospechoso de una conspiración terrorista.
¿No es mágico?index-315754_640
U onírico. Como una pesadilla frustrada. Su propósito es angustiar al durmiente pero no lo logra. Este sabe que es una pesadilla y, por lo tanto, se siente a salvo de cualquier cosa que en ella le ocurra. Lo fantástico contrasta tanto con la rutina cotidiana que el dormido goza: no quiere despertar. Es como ver una buena película. Uno no quiere que termine.
Así que allí estábamos, interrogado e interrogador, instalados en otra dimensión sin tiempo, referencias geográficas ni sonidos externos. Como flotando en una cápsula espacial. Yo disfrutando la experiencia. Él como si no tuviera nada mejor que hacer.
Todo consistía en que yo no tenía el relato que él se obstinaba en obtener.
Por sus preguntas deduje que se les había escabullido un peligroso terrorista a pleno sol y en el centro de la ciudad. La única pista que tenían era yo porque en medio del tumulto a un imbécil se le ocurrió señalarme y gritar “!ese!”
Para todos estaba claro que yo no era el terrorista prófugo. Entonces ¿quién era “ese”? ¿Un cómplice? ¿Alguien que también perseguía al terrorista? ¿Un testigo clave? Ni ellos ni yo teníamos la menor idea. ¡Vaya pista!
Pero mi interrogador al menos tenía un “ese” y no estaba dispuesto a desaprovecharlo.
En realidad tenía algo más: la declaración del imbécil: “Alcancé a ver su espalda perderse entre la multitud”.
Exigí un careo que me negó. Seguramente el imbécil había pasado a la categoría de “testigo protegido”. Entonces pedí la declaración por escrito y, efectivamente, decía eso.
“Alcanzó a ver su espalda perderse entre la multitud”, me tradujo el interrogador – como si yo no supiese leer – con tono acusador.
-¿So what?
¿La imbecilidad es contagiosa? Pese a su brevedad la declaración contenía un atentado contra la lógica y otro contra el sentido común. Si yo estaba allí significaba que no me había perdido. O. tal vez el imbécil literalmente se había referido a mi espalda…En tal caso debería haber gritado “!Esa!” y no “!Ese!”. Lapsus comprensible en un momento de estrés. Levanté y torcí un brazo para comprobarlo. No, estaba completo; sólo era una forma de decir. Además, en un lugar y a una hora donde miles de espaldas se pierden entre la multitud ¿qué importancia o significado especial podía tener que la mía hubiese intentado correr la misma suerte?
-¿Puedo saber de qué se me acusa?
-De nada.
– Y entonces qué hago aquí?
– Por el momento sólo eres un sospechoso.
– De qué?
Seguramente estaban grabando el interrogatorio. No podía decir “de ser ese”. Las órdenes del Ejecutivo aún no incluía a los “eses” por el sólo hecho de serlos en la categoría de amenazas para la seguridad del Estado.
-De conspiración – fue lo primero que se le ocurrió.
No pude contener una carcajada. Pensé en una conspiración de todas las espaldas que en esos fatídicos momentos se perdieron entre la multitud para proteger el escape del terrorista. En tal caso la mía bien podía había sido la organizadora, planificadora o algo así. No le conocía semejante aptitud ni peligrosidad. Conclusión: nunca subestimes tu espalda.
Si queríamos dejarnos de estupideces teníamos que tener en cuenta los siguientes datos de la realidad:
a) El imbécil caminaba o estaba detrás mío porque de lo contrario no hubiese podido ver mi espalda perderse entre la multitud.
b) Por lo tanto, no me había visto la cara porque nadie puede ver espalda y frente al mismo tiempo (esto supone que únicamente viéndole el rostro un puede conocer a alguien lo cual no necesariamente es así).
c) Lo anterior no excluía que me conociera de otro momento o tiempo.
d) Mi espalda y la del terrorista eran idénticas o se parecían bastante. Yo sabía que los organismos de seguridad fotografían a los sospechosos de frente y de perfil, pero no de espaldas. De la paranoia anti-terrorista puede esperarse cualquier cosa.
e) También cabía la posibilidad de que me hubiese elegido al azar entre tanta gente.
c) y e) abrían dos líneas de investigación diferentes. La primera: ¿Si me conocía por qué había querido perjudicarme? La segunda: ¿Qué lo llevó a elegir a cualquier desprevenido para identificarlo como “ese”?
En cualquier caso era el imbécil y no yo el que debía aclarar estas dudas. ¿Lo estaban interrogando en otra parte o formaba parte del grupo que perseguía al terrorista?
No obtuve respuesta ni logré que el interrogador compartiese mis puntos de vista. Resultó un subjetivista “post”.
El que pregunta soy yo. Además, no existe una única realidad.
-¿Pero estamos de acuerdo en qué es imposible ver la totalidad? Lo que quiero decir es que el imbécil, perdón, mi acusador no puede haberme visto completo. Como con una manzana o cualquier otra cosa, siempre vemos una parcialidad. Nunca la manzana completa.
– No siempre.
Sigue leyendo

Deja un comentario

Archivado bajo Relatos y Microrrelatos

“Mi Yugular” por Daniela Hurtado.

A pocos días de que se celebre la fiesta de Halloween, la escritora Daniela Hurtado nos brinda un relato de terror psicológico inspirado en Poe y Lovecraft titulado “Mi Yugular”:

“Mil veces he tratado de hacer que este relato no se acerque a lo grotesco, que no se cruce por el pensamiento de nadie que puede esconder algo nefasto en su interior.

Sin embargo, he desistido.

Y he decidido renunciar a la absurda idea de no caer en lo infausto porque así es esta historia: Netamente infausta. No obligo a nadie a creer lo que, supongo, muchos juzgarán como disparate. Pero me desprendo con violencia de la idea de creer que estoy loca. No lo estoy.  Y no estoy loca porque ningún loco lograría explicar con tal exactitud lo que pasó aquella noche.

Estaba yo interrogando el tiempo tranquilamente, oliendo la noche, bailando en la nada. Con toda confianza, en la soledad. En un silencio inexplicablemente fastidioso.
Entraba yo de repente en un estado adverso de intranquilidad, un sofoco. Y sentí hundirme, sentí como mi sangre se esparcía invisiblemente por el lugar. Sentí ahogarme en largos intervalos de desesperación. Una melodía que no podría describir de otra forma más que horrible, inundó, sin más, mi calma. Y escuché nítidamente los pasos de mi sosiego, mientras se marchaba de mi cuerpo, y volaba lejos. Una melodía fúnebre, como el canto de mil demonios, como todos los gritos de infierno adjuntados en mi habitación. En mis oídos. En mi alma.
Y entonces la vi…
Era mi propia yo, pero vestida de negro, riendo con malicia en el tope de la ventana. woman-994737_640

Había aparecido de la nada, y estaba sumergida en sangre celestial. La yo que no podía ser yo estaba rodeada por un aura carmesí, y me miraba con desprecio, reía de mí a carcajadas sordas, titiritaba de insolencia. Pero también lloraba y caía, se bañaba en el fuego y en la infamia, huía por milisegundos para después volver de lo que parecía el mismo infierno. Volvía de las tinieblas, de la mano de la muerte, solo para verme sucumbir al terror. Mi yo más oscura pretendía quedarse, quería perpetuar en mi ya inválido sosiego, mientras yo la observaba en la oscuridad, desde mi desesperación, desde el más intenso de los recelos. ¿Quién podía ser este ente maligno? Yo no era, pero sí era yo. Era indudable que era yo misma ahí sentada. ¿Pero cómo podría ser yo tan horrible demonio? Su aura era horrorosamente tétrica, lúgubre, macabra y funesta. ¿De verdad yo lucía así? Por su puesto que no. Sigue leyendo

Deja un comentario

Archivado bajo Relatos y Microrrelatos

“Cierta educación”, por Miguel Angel Cercas.

Miguel Angel Cercas comparte hoy con nosotros su relato “Cierta educación”. Disfrutadlo lectores!.

Cierta educación
ZAPATILLAS
Que era la cueva abierta al público más grande de España. Que tenía miles de millones de años. Que, que, que. Valporquero por aquí, Valporquero por allá. Y Margarita seguía las explicaciones del guía pero muy en la lejanía, como si no fueran con ella: y es que andaba preocupada por cómo podrían afectar a sus rosadas zapatillas nuevas el barrillo que en ocasiones pisábamos, barrillo que se formaba de las gotitas que dejaban las estalactitas. Al salir, una sola palabra: “mierda”. Y es que había descubierto que, a pesar de sus cuidados, se habían ensuciado un poquito. Después de una hora de silencio, dos nuevas joyas salieron de su boca: “putas cuevas”. Y es que los once grados la habían dejado cierto frío en el cuerpo. A la semana, para concluir, una sola frase:“no vuelvo en mi vida”. Y es que Margarita aun no había experimentado -a pesar de sus cuarenta y siete años- eso de que para apreciar lo bueno, lo bello y lo verdadero hace falta cierta altura de miras y no contentarse solo con dedicar su linda mirada a sus sucios zapatitos.

Deja un comentario

Archivado bajo Relatos y Microrrelatos

Elegía a la culona de Pedro Nel Niño Mogollón.

Amigos hoy en “Relatos y Microrrelatos” os dejamos con la Elegía a la culona de Pedro Nel Niño Mogollón.
NIÑO

Deja un comentario

Archivado bajo Relatos y Microrrelatos

“LÁPIDA CON UNA PIEDRA” por Juan Gaudenzi

Amigos lectores, hoy os presentamos el relato del escritor Juan Gaudenzi “LÁPIDA CON UNA PIEDRA”, disfrutad de su lectura:

TUMBA
Encontramos su cuerpo unos días después. Nadie puede resistir demasiado perdido en el desierto, sin agua, sin comida, bajo el sol abrasador.
¿Cómo habían sido sus últimos momentos? Imposible saberlo.
Entonces me acosté a su lado, exactamente en su misma posición, con la cara hacia el celeste excesivo, piernas y brazos extendidos, la mano derecha atenazando una piedra.hand-140629_640
En el horizonte, entre las puntas de mis botas, pude ver unos cerros. Tal vez alguna vez fueron montañas. ¿Decidieron ser cerros? ¿Alguien se los preguntó? En unos millones de años serían llanura. ¿Por propia voluntad? La naturaleza está a salvo del sufrimiento de preferir .¿Pueden imaginar a uno de esos cerros prefiriendo ser un frondoso árbol? Más que absurdo, horroroso. Fue montaña, ahora es cerro y será llanura. Impertérrito. Cuando la tierra sea absorvida por el sol, desaparecerá junto con todo y punto. Sin memoria, sin deseos, sin esperanzas ni dramas. Es como para creer en un castigo divino para los hombres.
Y la piedra?
Era tan solo una piedra sin pretensiones de cerro o montaña.
Ante la inminencia de la muerte, en un acto de delirante compasión ¿trató de salvarla de su inexorable desaparición debajo de una capa de tierra? Descabellado e Inútil intento. Si la hubiésemos dejado donde estaba lo habría acompañado a la tumba.
¿Por qué precisamente ella entre tantas a su alcance?
¿Acaso fue la única con la que pudo establecer un dialogo postrero?
– Voy a morir.
– Porque tuviste el privilegio de la vida.
– Me envidias?
– Si! Tienes lo que yo nunca tendré. Y las piedras ni siquiera podemos pensar en una Revolución para arrebatártelo. Jajaja. Y tu? En este momento preferirías ser piedra? Piénsalo bien. A cambio de la inmortalidad carecerías de cualquier tipo de conciencia…
– Tu no sabes que eres una piedra?
– Ahora porque tu me lo dices.
– En esto no te diferencias de los seres humanos. Sabemos que somos y como somos porque otros nos lo dicen. Además, nos aventajas: pudiste ser lo que eres y como eres sin necesidad de nadie; absolutamente independiente de las otras piedras.
– No te entiendo.
– No importa. Yo tampoco. Nunca fui lacaniano.

Su lápida no tiene ninguna inscripción. Solo una piedra cementada a ella para que nadie pueda moverla.

Agradecemos vuestros comentarios.

Deja un comentario

Archivado bajo Relatos y Microrrelatos

Relatos y Microrrelatos.

Desde hoy podéis dejar vuestros relatos o microrrelatos de forma gratuita para que todos puedan leerlo, desde este blog y daros a conocer. Sólo tenéis que enviarlo a impresionismoliterarioblog@gmail.com (escrito en el cuerpo del mensaje) junto con un consentimiento de publicación y el nombre del autor o seudónimo.

entrepreneur-593358_640 (1)

Deja un comentario

Archivado bajo Relatos y Microrrelatos