Archivo del sitio

Tom Sawyer de Mark Twain

El escritor norteamericano Mark Twain publicó Tom Sawyer en 1876, en la que narra la vida de un chico que vive a orillas de Mississippi y al que le ocurren mil aventuras junto a su inseparable amigo Huckleberry . Así el autor nos retrata hábilmente como era el sur de Estados Unidos en el siglo XIX.

Tom Sawyer

Si queréis disfrutar de sus aventuras podéis leer el maravilloso libro de Mark Twain cliqueando aquí:

TOM SAWYER DE MARK TWAIN

Si queréis ver su adaptación a la gran pantalla podéis disfrutar de la versión norteamerica de 1938 interpretada por Tommy Kelly , dirigido por George Cukor y producido por el gran David O. Selznick :

Anuncios

Deja un comentario

27 febrero, 2016 · 11:23 am

Ana y su mundo (IV).

-Sí, sólo. Gracias-.

Ana no podía creer lo que había pasado, iba a darla un beso después de no haberse ido antes de amanecer. Mientras hacía el café se planteó si ese hombre era una especie en extinción o simplemente sería su destino. Aquella persona a que la tanto tiempo había esperado.

Cuando terminó de prepararlo se lo dio mientras él se sentaba en una silla con una gran sonrisa que desconcertaba a Ana. Sigue leyendo

Deja un comentario

14 octubre, 2015 · 7:35 pm

LIU

p3nom2

“LIU” es una novela de carácter romántico inspirada en el Tíbet de principios del siglo XX.
Akame, una mujer casada con un hombre polígamo y cruel se enamora de Shen, un aspirante a monje tibetano. La política jugará un importante papel en el desarrollo de la historia.
El libro es una exhibición de leyendas orientales y narrativa con tintes poéticos. Filosofía oriental en estado puro.

LIU

Autoras: Mia Jenssen

Virginia Jenssen

Primer capítulo:

© “Nunca pensé, en mi vida, que podría albergar este sentimiento, nunca creí que pudiera percibir tal sensación. Cuando me desperté esa mañana miré a mi alrededor y todo el entorno se tornó de un color violáceo, me sentí empequeñecer por instantes, instantes que se convertían en una inseguridad muy común en mí, pero jamás con esa intensidad. Era como si me golpearan en el pecho y mi corazón se prensara, como si una mano se posara sobre una pobre florecilla, débil, frágil e indefensa y al intentar cogerla para admirar su belleza la desmenuzara entre sus dedos.
Sentada sobre mis rodillas con los pies descalzos en un lado de la habitación, sin poder levantar la vista del suelo, con la mirada perdida admirando las imperfecciones de aquella gran habitación, intentando evadirme de una situación que me superaba por momentos, intentando no exteriorizar el miedo y la desesperanza que me embargaban. Cubrí mi cara con mi cabello negro, descuidado y suelto. Empecé a notar mis pies fríos, como si se posaran sobre la corriente helada de un río en el que poco a poco me voy hundiendo, sin poder reaccionar y dejándome llevar hasta ahogarme en sus profundas aguas marrones.


De repente noté la calidez de una mano que se posaba sobre mi hombro de una forma casi etérea que duró menos de un segundo, era Yuga que estaba sentada junto a mí, a mi izquierda. Muy suavemente me susurró: -No te preocupes Akame, pronto terminará todo.-
Entonces levanté súbitamente los ojos y miré el lado izquierdo de la habitación, ahí estaba Lian, tan inerte, envuelta con una tela blanca, en un rincón. Con una rigidez que se asemejaba a los troncos de los sauces cuando se desploman al caer y son arrebatados bruscamente de la tierra que les mantenía erguidos y majestuosos. Su belleza aún persistía; se podían apreciar sus rasgos gracias a la intensa luz que entraba por la pequeña ventana y traspasaba la fina tela que cubría su cuerpo.
Lian casó con Fai hace apenas año y medio, poco antes de que mis padres me entregaran a él en matrimonio. Ella era su tercera esposa, una mujer grácil, discreta, dócil, nacida para obedecer.
Qi la trataba muy mal, como a todas nosotras. Era la primera esposa de Fai y madre de tres niñas. No conseguía darle un varón que sobreviviera a su primer año de vida, por lo que se sentía amenazada por nosotras de alguna manera. Esto lo reflejaba en un comportamiento hostil. Siempre se mostraba altiva con Lian desde que quedó en cinta.
Conmigo era totalmente indiferente, yo era para ella pequeña, insignificante, no era una rival que pudiera competir con su belleza y experiencia que hacía que mantuviera una complicidad con Fai y lo más importante, una gran influencia sobre él. Algo que las demás nunca logramos tener.
Creo que Lian nunca fue feliz. Tan sólo cuando preparábamos la comida Lian, Yuga y yo se le podía ver esbozar una leve sonrisa. Éramos como hermanas. Ella siempre intentaba protegernos aunque aquella noche nadie pudo protegerla a ella.
Era una noche gélida cuando Lian empezó a encontrarse mal. De pronto Qi observó un charco en el suelo bajo los pies de Lian, entonces supimos que había llegado la hora. El bebé estaba en camino y Qi se encargó de que Lian saliera de la casa sola, como es tradición, incluso ante la oscuridad de la noche. Nada mas atravesar la puerta Qi cerró por dentro y corrió a avisar a Fai, que se encontraba cenando en la habitación contigua.
Fai estaba ansioso, deseaba un varón más que nada en el mundo.
Yuga y yo nos colocamos cerca de la puerta expectantes, desde ahí podíamos oír los gritos de Lian. Había algo en esos gritos que nos hizo estremecer, algo que nos hacía presagiar que algo terrible estaba ocurriendo. Entonces vino Qi y nos echó de la puerta. Nos obligó a sentarnos y ella permaneció de pié, impasible ante el dolor de Lian, observándonos de forma autoritaria, como cuando una madre castiga a sus hijos por un mal comportamiento.
Los gritos continuaron durante tres largas horas que se hicieron interminables; la angustia se apoderó de mí, deseaba abrir esa puerta con todas mis fuerzas, correr hacia Lian y sacar de sus entrañas al bebé para que dejara de sufrir. De repente se hizo el silencio, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Yuga me agarró fuertemente el brazo, yo estaba completamente paralizada, sentía como si mi alma pesara tanto que mi cuerpo no pudiera sostenerla. Qi salió de la casa y regresó con el bebé en brazos, era un varón.
Yuga exclamó:- ¿Y Lian?-
A lo que Qi respondió:- Nada se puede hacer- Cerró la puerta y nos mandó a dormir mientras ella, sintiéndose poderosa con un varón en brazos, fue a entregárselo a Fai que se encontraba pletórico.
Yuga intentó acercarse a la puerta para salir a ver a Lian pero Qi se volvió enfurecida como una pantera a la que se le quiere arrebatar su cachorro y con voz alterada nos advirtió:-Si salís por esa puerta mandaré que os quemen cual vulgares hechiceras-.
Sabíamos que podía hacerlo, era una mujer que gozaba del respeto de la comunidad y sobretodo del de Fai.
Fai era un hombre que imponía siempre su voluntad, a pesar de su delgadez, su altura poco común y su serio semblante le hacían parecer un hombre fuerte; pero su mayor fortaleza provenía de su carácter tiránico y su lenguaje despótico. Era digno complemento de Qi como si de almas gemelas se tratasen, como si un poder superior les hubiera unido para caminar juntos en la travesía de esta vida, aunque para Qi era como si hubieran estado unidos en todas sus vidas anteriores.
Pocas veces mostraba ternura, ni siquiera con Qi.
En la enorme y fría habitación mi mente no podía parar de recordar lo sucedido hacía cinco noches, ni siquiera me
percataba de la entrada de los familiares de Lian que, poco a poco, se iban acercando a Fai portando cerveza, mantequilla, incienso y bolsas de dinero que iban entregándole en señal de condolencia. Tan sólo podía oír el susurro de los salmos de los monjes que cada vez oía con más nitidez a medida que se iban adentrando en la habitación pretendiendo separar el alma de Lian de su frágil cuerpo al que sus padres impusieron la Khata. Y de pronto, vi a Liu.
Esos enormes ojos rasgados, esa viveza, su largo pelo negro, era tan pequeño e indefenso, pero a la vez transmitía un espíritu fuerte y protector. Liu, en su inocencia, tiraba del traje a uno de los monjes que estaba rezando, este intentaba mostrarse impasible, pero no le quedó más remedio que decirle:-Liu, espérame fuera.-
Liu, enfadado, salió de la habitación con paso lento y torpe, agachando la cabeza, apenas podía ver por donde pisaba. Pasaba casi desapercibido en medio de tanta gente mirando a todo el mundo por si alguien advertía su presencia, olvidaba toda aquella puesta en escena y se ponía a jugar con él.
Por un momento, olvidé el pesar de mi alma al ver el intento de llamar la atención de aquella alegre criatura. Me sentí bien y sin darme cuenta sonreí. Entonces vi como Qi se acercaba a Fai sutilmente y me miraron los dos. Volví a mirar a Liu y su ternura hizo que no me importara el posible castigo que me esperaría para tan gran ofensa, obviamente desconocía su magnitud.
Fai me sacó de la sala, me llevó a una habitación de la casa que siempre permanecía vacía; era donde él guardaba el trigo, los víveres. Allí, mientras sólo se oían los salmos cada vez con mayor intensidad, Fai se dirigió a mí :-Como te atreves a sonreír, has deshonrado nuestras tradiciones y has humillado a la familia.-Entonces me golpeó duramente hasta que se dejaron de oír las voces de los monjes y sus cánticos.
Cuando salió de la habitación yo estaba en el suelo, sentía un dolor físico sólo comparable al de mi espíritu que había sido anulado, nunca volvería a ser la misma. Al intentar levantarme me percaté de que alguien observaba escondido tras una columna de madera que permanecía a un lado del quicio de la puerta. Al ver salir a Fai, entró, me miró con ternura e impotencia ante lo ocurrido parecía querer ayudarme pero no sabía cómo, igual que cuando yo quise ayudar a Lian, pero marchó llamado por el resto de los monjes.
Se llamaba Shen, era uno de los monjes que iban con Liu. Era apenas unos años mayor que yo, mucho más joven que Fai, y tan alto como él, pero con otro aura, destacaba de entre los demás monjes por su digno porte casi inadecuado para su estatus religioso y por sus enormes y cuidadas manos, sus brazos fuertes y sus marcados pómulos. Su mirada mostraba una tristeza profunda, un pesar hundía su alma pero dudo que alguien conociera su desdicha aparte de Liu o él mismo. Parecía introvertido, apenas me dijo una palabra, sin embargo nunca ya pude olvidarme de él.
Dolorida fui a mi habitación, estaba amaneciendo y desde la ventana vi como un hombre recogía el cuerpo sin vida de Lian que previamente Fai dejó en el rellano envuelto en una manta.
También pude ver a Shen que marchaba con el resto de los monjes, iba cabizbajo y Liu a su lado, como si pudiera percibir sus sentimientos, no se apartaba de él.
De pronto sentí algo que me hizo olvidar el dolor, la esperanza de volver a ver a ese enigmático joven.
Apenas habían pasado tres días desde la muerte de Lian y en casa parecía como si nunca hubiese existido, como si su presencia hubiera sido un sueño. No se la volvió a nombrar.
La alegría por un hijo varón dejó de lado todo recuerdo de su madre. Su madre era ahora Qi.
Ella se encargaba de anular las huellas de Lian, como si borrara del mapa de la vida el camino trazado por ella, como un dibujo en la arena arrastrado por el viento. Qi era ese viento violento y enérgico, lleno de vida, eclipsaba todo a su paso. Dispuesta a destruir su recuerdo nos prohibió hablar de Lian, el niño no debería saber nunca que llegó a existir.
Para nosotras no era tan fácil olvidar. Pero el duro trabajo al que nos enfrentábamos a diario recolectando cereales en el campo y realizando las tareas de la casa mantenía nuestras mentes ausentes del dolor, el cual resurgía con mayor intensidad al acabar la jornada, llegar a casa y ver el inocente rostro de ese hermoso bebé tan parecido a Lian.
Qi miraba con desconfianza a Yuga, esta se interesaba a menudo por el bebé y eso a Qi no le gustaba. Se lo hacía ver a Fai pero él no le daba mayor importancia, seguía con su vida como si nada hubiera pasado, su preocupación era ahora otra, tenía una mujer menos y con Qi cuidando del bebé ya sólo quedábamos Yuga y yo para cultivar la tierra. La cosecha sería menor pero los impuestos a los monjes se mantendrían.
En cierta ocasión Yuga me comentó:-Buscará otra mujer.-
-¿Otra mujer?-pregunté sorprendida.
-Últimamente va mucho por el pueblo, así me conoció a mí, sólo que yo no podría darle lo que él tanto ansiaba.
Yuga no podía tener hijos, es por eso que Fai se casó con Lian y ahora que ya tenía el niño que tanto deseaba ni siquiera se acordaba de ella. Mientras, Qi se encargaba de que Fai no me prestara atención, una tarde en la que regresábamos del campo, Yuga y yo oímos una fuerte discusión entre Fai y Qi:
-¿No querrás que se quede embarazada?, si lo hace quién cultivará la tierra, te quedarás arruinado y yo tendré que casarme con otro hombre y tú le servirás…
Pronto se percataron de nuestra presencia y cesaron los gritos.
Yuga se sentó en una silla y respiró profundamente, entornó los ojos ligeramente bajando la cabeza con suavidad, mostrando una preocupación inusual en ella empezó a relatar con su sigilosa voz. Sus palabras como las notas musicales que emanan de un instrumento, salían de su garganta melodiosamente; su serena oratoria calmaba mi ánimo y yo, expectante, comencé a escuchar con curiosidad.
-Recuerdo como si de este mismo instante se tratara la primera vez que vi a Qi. Su firme y poderosa mirada infligió en mí desconfianza e inquietud. Fue el día de mi pedida con Fai. A pesar de mi experiencia, debido a un matrimonio anterior que me aportó fortaleza de espíritu, me sentí disminuir a su lado.
Sentados alrededor de la mesa, yo rodeada de mis seres más apreciados, mientras él educadamente nos ofrecía un Katha a cada asistente. Nunca vi un pañuelo de seda de belleza igual, color oro, con unas flores bordadas, pensé que sólo una delicada alma podría haber elegido tal ofrenda. Después de un primer matrimonio convenido, me sentía afortunada, pensando que él en su corazón guardaba la dulzura que no encontré antes, el verdadero interés en mí.
Erré, lo comprendí al alzar la vista y observar el comportamiento de Qi. Ella no medio ni una sola palabra, no hacía falta para imponer su voluntad . Era como si el suelo temblara bajo nuestros pies, cayéndonos todos y rompiéndonos en mil pedazos como vulgares vasijas, mientras ella se mantenía intacta, como una gran piedra que perdura en el tiempo sin que nadie pueda moverla, se alzaba con solemnidad ante los presentes.
Los padres de Fai sellaron el contrato con celeridad ante la alegría de mis familiares y de mi esposo, el cual me enviaría a vivir con Fai y tendría una boca menos de que preocuparse. Yo, sin embargo, al ver como mi esposo sellaba su conformidad en cuanto recibió el dinero acordado de manos de Fai envuelto en un delantal presentí que el giro que daba mi vida no sería para mejor.
Escuchando las palabras de Yuga iba recordando cómo conocí a Fai, cómo me cortejó en el pueblo dónde vivía. La primera vez que me vio yo estaba hilando, ahora creo que lo que realmente le impresionó de mi fue ver una mujer trabajadora, constante, callada. Con el relato de Yuga, volví a sentir la emoción de cuando mis padres me informaron de que iba a casarme. Cuando recibí mi vestido de boda la ilusión me embargaba, pensé que mi futuro sería como aquel hermoso traje, una vida de seda y sueños bordados.
Todo fue igual que con Yuga o Lian, el día de la boda, con el vestido de novia atado a la espalda con flechas de colores y la cabeza adornada con espejos, jade y perlas. Un día de felicidad al que acompañarían días de tristeza.
Yuga se dio cuenta de mi estado de ensoñación y me preguntó :
-¿Me estás escuchando Akame?-
Asentí con la cabeza aunque no sabía realmente qué me estaba preguntando.
Yuga continuaba con la descripción de su boda, de pronto algo que dijo captó mi atención.
-No fue tan majestuosa como la boda de Lian.-
Entonces me olvidé por un momento de mí y puse más atención a sus palabras.
Yuga describía la boda de Lian como algo excepcional para su casta:
Lian ya tenía un hijo varón con otro marido. Fai al verla con el niño por el pueblo en seguida se fijó en ella. Observó su belleza, su juventud y su maternal espíritu.
-¿Este niño es tuyo?- le preguntó Fai.
-Sí.-contestó ella cogiendo al niño en brazos con ternura.
– ¿Es sano?-continuó Fai.
-Es fuerte como un león blanco y puro de corazón como el agua del manantial que nos da de beber. Pronto irá al templo y servirá a Buda, será un hombre culto y su sabiduría llenará de orgullo a la familia.-explicó Yuga.
Fai estuvo cortejándola durante un mes. Pagó por ella una dote muy elevada.
El día de la boda la vi desde la ventana bajar de la yegua y me apresuré a recibirla, Qi se me adelantó. Tendrías que haber visto como la envidia tornó su calma. Su lugar en la casa peligraba y ella no estaba dispuesta a consentirlo. Era el ama y señora de la casa, la única que dormía en la habitación con Fai, las demás teníamos que compartir otra habitación de la casa.
Presentí que la paz que hasta ahora reinaba, pronto desaparecería.
-Y de mí, ¿qué presagiaste?-pregunté.
Se hizo el silencio, Yuga se levantó y empezó a poner la mesa para la cena.
A la mañana siguiente ya se notaba el espíritu de celebración, hacía tres días que había nacido el bebé de Lian y era el momento de presentarlo a la familia. Creí que aún faltarían días para eso acostumbrada a cuando nació la última hija de Qi que no se celebró hasta el quinto día de su nacimiento y de forma más austera, pero claro, no era un varón. Un varón significaba la alegría, la prosperidad y la continuidad del linaje, una mujer, en cambio era un mal presagio y portadora de mala suerte para la familia. La mujer era una fabricación del demonio a la cual no se le permitía ni cultivar la tierra, ya que de nuestro cultivo se decía que no prosperaría ningún fruto. Tan sólo podíamos recoger la cosecha de sol a sol, como castigadas por nuestra condición femenina. La esperanza y ambición de toda mujer era reencarnarse en un hombre en su siguiente vida, para ello pasábamos la vida orando y realizando ritos y ofrendas a Buda, eso sí, jamás dentro del templo, pues toda mujer que entrara al templo era quemada por hechicería por perturbar la paz de los hombres sagrados, a no ser que en sus brazos portara un bebé con un mes de edad al que fuera a presentar a Buda. Esta sería la primera salida del niño al exterior desde su nacimiento y la única vez que una mujer podría ver el templo.
En la celebración, rodeada de tanta gente, me sentí sola. A mi mente vino el leve recuerdo de aquel joven que conocí el día del funeral de Lian.
No entendía por qué seguía pensando en él pero mis quehaceres me hicieron regresar al mundo real. Había que preparar la copiosa comida para la fiesta.
Yuga iba colocando sobre la mesa la cerveza de cebada y la carne de Buey con miel que habíamos hecho antes, mientras, yo preparaba el té con mantequilla de Yak ya que tenía que reposar mientras comíamos antes de ser servido con sal.
Eran manjares que habitualmente no nos podíamos permitir, fue un derroche que haría que los posteriores días tuviéramos que racionar nuestro alimento hasta el punto de llegar a comer como nómadas, dejando de comer la sopa de verduras y pasta habitual para alimentarnos a base de tortas de harina y así compensar el exceso.
Después de comer, Fai se dirigió hacia Qi cogió en brazos al niño que ella portaba, le quitó el lienzo blanco que lo cubría y, descubriendo su cuerpo desnudo, lo mostró a los presentes citando:-Es un varón y se llama Bao.-y así fueron pasando al bebé en brazos de un familiar a otro para verificar el milagro.
La celebración finalizó con éxito, Bao era querido por todos y se le presagiaba una vida larga y próspera, llena de dicha.
La vida con un nuevo bebé entre nosotras nos llenaba de alegría, pero a la vez aumentaba nuestra carga de trabajo. Mientras que Qi se dedicaba exclusivamente al cuidado del bebé, nosotras teníamos que ocuparnos de sus tres niñas además de la siembra.
La mayor de las hijas de Qi, a la que pusieron el nombre de Jing, pronto estaría casi en edad de casarse, pero no era una buena ama de casa. Qi aspiraba a que fuese la primera esposa de un hombre con tierras fértiles que le proporcionara la vida que ella tenía, así que se encargó de prometerla siendo aún pequeña con el hijo de un agricultor vecino de cuyas tierras emanaba la mejor cosecha de la zona ya que sólo tenía hijos varones y la suerte le acompañaba.
Todas las mujeres querían que sus hijas pertenecieran a la familia de ese agricultor, pero él se decantó por la primogénita de Fai, cuando sólo tenía ocho años, pensando que al no tener este ningún varón, su primogénita heredaría sus tierras. Ahora, una vez hecho el pacto de compromiso ya nada podría romperlo por lo que ella se pavoneaba delante nuestra burlándose de nuestra suerte.
La segunda hija, Bo, no soportaba a su hermana mayor, todavía no estaba prometida y no sabía que futuro la esperaba. Era más amable que su hermana. En seguida aprendió a realizar las tareas de la casa, nos ayudaba bastante, aunque siempre marcando una distancia con nosotras.
La pequeña llamada Maylin nos quería mucho. Qi era muy dura con ella por no haber nacido varón, era como una carga así que se refugiaba en nuestra compañía. A menudo corría detrás nuestra cuando salíamos a recoger la cosecha y, a veces, la llevábamos con nosotras, advirtiéndola de que no podía hablar alto ni reír pues nos estaba prohibido durante el trabajo. Era demasiado pequeña para poder ayudarnos por lo que Yuga y yo llenábamos su pequeño saco con nuestro grano sin que se diera cuenta para que pensara que había recolectado mucho aquel día, ella orgullosa corría a enseñárselo a su padre.
Desde que murió Lian, Maylin dormía con nosotras, se sentía más protegida que durmiendo con sus hermanas y muchas de esas noches Yuga le contaba cuentos, los mismos que ella escuchaba cuando era niña de la boca de su padre. Su favorito era el que narraba el origen de nuestro país y decía así:
“Hubo una época en la que todo el planeta era como un gran estanque redondo. El agua lo invadía todo y la única porción de tierra existente se moldeaba caprichosa en forma de pequeñas porciones de tierra que sobresalían del líquido azul. Era allí donde surgía la vida, donde habitaban todos los animales, las personas, la espesa vegetación adornaba el paraje y la paz gobernaba esas tierras.
Un desdichado día, un gran dragón blanco surgió de lo más profundo del agua. Con cuerpo de escamas, cinco cabezas y una ira que hacía que, a cada movimiento suyo, subieran las mareas y temblara la escasa tierra, devastando todo cuanto moraba en ella.
Asustados, los pocos habitantes de la zona intentaron buscar otros lugares donde vivir en el este.
Sin éxito regresaron a sus hogares pensando que el dragón quizá se habría marchado, pero al llegar vieron como todo seguía igual, incluso peor, el viento que surgía de los movimientos del dragón continuaba destrozándolo todo a su paso y entristeciendo las almas de todos los seres que veían destruirse su mundo.
De pronto se divisaron en el cielo cinco nubes de una gran variedad de colores que se trasformaron en cinco hadas Fushou, Quiyan, Shenhui, Guanyong y Shiren que con su poder redujeron al dragón arrastrándolo a la playa.
El portavoz del pueblo les mostró su enorme agradecimiento por salvarles de una muerte segura y las hadas, al ver la nobleza de los corazones de aquellos que habitaban ese oasis de vida rodeado por la inmensidad de un mar cruel decidieron con su magia descender las mareas hasta que surgieran cuatro grandes porciones de tierra pobladas en oriente por grandes y espesas selvas, en occidente por fértiles campos, al sur con jardines repletos de las más hermosas flores y al norte por las más bellas estepas.
Las gentes de la tierra les rogaron a las hadas protección para el nuevo mundo que se les brindaba y ellas lo hicieron trasformándose en los cinco picos del Himalaya. Un pico lo formó Fushou aportando alegría y longevidad, otro Shenhui quien velaría por la labranza de las tierras, el tercero traería prosperidad y riqueza de la mano de Guanyong, Shiren se ocuparía de la ganadería y su protección, por último, Quiyan representaría la sabiduría y pasaría a ser el pico más alto, lo que hoy denominan Everest, o como nosotros lo llamamos Pico de la Diosa, custodiando toda la tierra y cuanto hay en ella.”
-Es por eso, -explicaba Yuga-, que vivimos en un lugar privilegiado, protegido por las hadas en el que ni la muerte es desdicha porque representa el inicio de una nueva vida reencarnada en un cuerpo diferente.-
Entonces Maylin, más relajada y confiada, al oír las palabras de Yuga mientras esta le acariciaba su largo pelo negro comenzaba lentamente a entrar en un estado de ensoñación que daría lugar a un largo sueño dibujando una sonrisa en su rostro dormido que culminaría con la llegada de la mañana y con ello de un nuevo día lleno de alegría.
Para nosotras, sin embargo, nuestra vida diaria era muy repetitiva, llegando incluso a ser angustiosa. El agotador trabajo en el campo nos llevaba a desvanecer, no sólo a nuestro débil y pequeño cuerpo, del cual tiraban de una forma inusitada nuestras fuertes y curtidas manos que no desfallecían jamás revelándose a la adversidad y al inminente cansancio que cubría el ánimo de todas nosotras, como si de un manto se tratara, sino también de nuestra agotada alma que no nos dejaba meditar un instante sobre nuestras inquietudes. Era como si un enorme muro separase nuestra conciencia de nuestros pensamientos más profundos, evitando darnos cuenta de los deseos que albergaban nuestros pensamientos y que chocaban unos contra otros, produciendo un gran estruendo en el corazón que se apagaba lentamente debido al cansancio. Este hecho llegaba a ser un halago pues habíamos llegado a no desear nada cumpliendo así unos de los preceptos del budismo,eso sí, por el camino equivocado. Lo cual nos hacía sentir vergüenza y no sentirnos dignas, pero al ser mujeres y tenernos prohibido recibir las enseñanzas de un Lama, era a lo máximo que podíamos aspirar.
En ocasiones blasfemaba pensando que quizá serían estos principios los que nos hacían tan sumamente pacíficos, quitándonos la voluntad para exteriorizar la pesadumbre de la cual eran responsables aquellos llenos de sabiduría, haciéndonos dormitar en vez de despertar. Mi rebeldía me hacía sonrojarme, pero el asumir que toda mi existencia se basaría en lo ya conocido me desesperaba aún más, llegando a desear que alguien me guiara y me ayudara a vaciar mi ser de tal pensamiento. Puede que esta disconformidad con mi entorno se deba a mis orígenes, a mi pertenencia a la etnia Han. Los Han somos seres milenarios, muy integrados con el budismo, pero con raíces históricas diferentes.
Estos tiempos en los que tenemos que seguir la doctrina del Confucionismo Chino se contraponen con nuestra herencia taoísta. Ideas que se superponen a las que nuestros abuelos enseñaron a nuestros padres. Pero yo no puedo sino seguir la doctrina que me marque mi esposo, no teniendo derecho a pensar o decidir por mí misma. A veces pienso si en un mundo tan grande existirán otras creencias, otros templos, otras tradiciones y etnias y, dentro de estas, personas como yo que sienten encontrarse en el lugar equivocado. Quizá más allá de la frontera, en la gran China de donde provienen mis ancestros la vida sea más condescendiente. Tal vez allí habría desposado con un buen hombre, un Han como yo que compartiera mis inquietudes y que no usara el látigo para anularlas.
Bao crecía pleno de salud y viveza, como bendecido por Buda. Era muy parecido a Fai físicamente pero en su rostro reflejaba la dulzura de Lian. Ya cumplía un mes de vida y, como impera en nuestras costumbres, debía de ser llevado al templo por su madre para ser presentado a Buda. Pero, al haber perdido a Lian, Qi se haría cargo de ese menester y así se nos comunicó a todas reuniéndonos en la sala más grande de la casa.
En ese momento recordé al monje que me miró de aquella extraña forma el día del funeral de Lian cuando yo, estática, permanecía en el suelo tras la reprimenda de Fai. De pronto exclamé:
-Déjame ir al templo-
Qi, con cierto enfado, contestó que yo no era nadie para quitarle su puesto como madre de Bao. Yo intenté explicarle que ella ya había estado en más de tres ocasiones en el templo presentando a sus hijos e incluso Yuga fue una vez a presentar a Maylin y que, por el contrario, yo nunca había ido, aunque esa no era la verdadera razón de mi interés.
Mis palabras no cambiaron la actitud de Qi pero Fai, que pacientemente escuchaba sentado se levantó y por primera vez desautorizó a Qi diciendo:
-Deja que vaya Akame-.
A lo que Qi respondió:
-Yo soy su madre y soy quien debe llevarlo ante Buda, como siempre he hecho-.
Fai gritando espetó:
-Cada hijo varón que entregas a Buda, este se lo lleva. Cómo puedo estar seguro de que tú no atraes su enojo y que por tu culpa la desgracia cae sobre mi casa como la nieve sobre la montaña despojándome del sucesor que tanto he anhelado. Tal vez Buda se apiade de una joven inocente y le haga regresar con mi hijo sano-.
Qi se enfurecía por momentos, era la primera vez que Fai le gritaba e intentó ponerse a su nivel pero él no se lo permitió, después de todo no era más que una mujer.
Con la llegada de un varón Fai había cambiado. Lian le había dado lo que Qi no consiguió en años. Ya tenía lo que más deseaba y Qi para él ya no era tan valiosa, era una mujer que tan solo alumbraba hembras como si de una maldición se tratase.
Yuga y yo enmudecimos, no esperábamos tal reacción de Fai y atónitas ante tal suceso no pudimos hacer otra cosa que retirarnos hasta que cesara la tormenta dialéctica a un lado de la habitación.
Al cesar las palabras de Fai, este se dirigió a mí y, aun algo enfadado, me dijo:
-Tú llevarás a mi hijo al templo y me lo devolverás sano. Si mi hijo enfermara, que la ira de los demonios te haga enfermar a ti y si él muriera, que te lleve Buda en su lugar y que jamás puedas ser reencarnada para que tu existencia termine aquí-.
Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Fai con su superstición había demostrado en pocos minutos la jerarquía de la casa. No sabía si había hecho bien en provocar aquella situación. Me abrumaba la responsabilidad y las consecuencias que se me presentaban.
Yuga, con los ojos llorosos, me agarró de los hombros y me llevó hasta la cocina. Allí intentó serenarse y con su actitud siempre compasiva me explicó:
-Bao es un niño afortunado, Buda le sonríe y le protege pues su madre era un alma pura, fuerte y noble, nada malo ha de pasarle. No debes temer tu destino pues en él no habrá lugar para la desdicha. Lian protegió a su hijo dotándole de buena salud al igual que a sus anteriores vástagos y no debes olvidar que en el templo mora uno de ellos que no dudará en orar por su hermano y su bienestar. Llévate, cuando vayas, en ofrenda esta vasija llena de cereal y pétalos de flores, entrégala a Buda y pídele protección para Bao y para ti-.
Las palabras de Yuga me dieron fuerzas para la misión que debía realizar, pero en realidad no podía dejar de pensar en si lograría volver a ver a aquel misterioso monje de mirada triste.”
Así, en una esquina de la habitación, Akame permanecía absorta, atrapada en sus pensamientos. Recordando, se describió a sí misma, en su interior, lo ocurrido en esos tristes días.

Continúa con la historia de “LIU” adquiriendo tu ejemplar en formato electrónico o papel en Lulu.com .

http://www.lulu.com/shop/mia-jenssen-virginia-jenssen/liu/ebook/product-22257385.html

Deja un comentario

25 agosto, 2015 · 4:50 pm

Elogio a la locura

La magistral obra de Erasmo de Rorterdam es un canto a la crítica social de su época. Escrita en un cuidado lenguaje y no falta de ironía y locuacidad, el escritor holandés nos deleita con su visión humana de la realidad del siglo XVI.
ERASMO ELOGIOD_ERASM_ROTERODAM-locura

Deja un comentario

25 agosto, 2015 · 4:08 pm

Bienvenidos.

Amigos lectores, bienvenidos a este nuevo espacio literario en el que podréis disfrutar de novedades, artículos de opinión así como podréis encontrar grandes clásicos con descarga gratuita entre otras obras.
Desde este blog podréis seguir las aventuras de “Ana y su mundo” una chica actual, cuyas vivencias se irán narrando semanalmente.
Os invitamos a que dejéis en vuestros comentarios vuestras “Impresiones Literarias” y sugerencias.
Disfrutad pues de la lectura, pues es el único pasatiempo que enriquece la mente en lugar de adormecerla.

Ah y no olvidéis uníos al perfil oficial de Twitter del blog: @Impresliterario

Deja un comentario

25 agosto, 2015 · 3:34 pm